En junio de 1999, Javier Méndez emprendió una vuelta al mundo que completó
233 días después, tras recorrer cinco continentes. Vinculado a San Nicolás desde
su infancia, se convirtió, según las averiguaciones realizadas hasta el momento,
en el primer viajero de la ciudad de San Nicolás del que se tiene registro de haber
completado una travesía de estas características, y uno de los primeros
argentinos. La experiencia quedó documentada en “Un mundo, un sueño. Diario
de la vuelta al mundo”, publicado en España en 2011.
Un sueño nacido en San Nicolás
Hay viajes que comienzan mucho antes de la partida. El de Javier Méndez empezó
en su infancia, cuando la curiosidad por otros pueblos y culturas fue
convirtiéndose, poco a poco, en el sueño de recorrer el mundo. Su historia
mantiene un vínculo particular con San Nicolás de los Arroyos, ciudad donde
transcurrieron sus años de formación y donde nació una inquietud que, con el
tiempo, lo llevaría a emprender una de las grandes aventuras de su vida.
Cuando su familia se trasladó de Rosario a San Nicolás, Méndez comenzó a
descubrir el mundo a través de un atlas familiar y de las conversaciones con
marineros extranjeros que llegaban al puerto de la ciudad. Preguntarles de dónde
venían, cómo eran sus países y cuáles eran sus costumbres fue una primera
aproximación a una diversidad cultural que despertaría su imaginación.
Aquellos encuentros, unidos a la lectura y al interés por la historia de las
civilizaciones, fueron dando forma a una aspiración que conservaría durante
años: conocer personalmente los lugares que hasta entonces existían en los
mapas y en los relatos de otros.
En septiembre de 1995 se trasladó a Barcelona, donde trabajó en el ámbito
editorial y comercial para editoriales como Planeta y Plaza & Janés. Desde España
pudo explorar distintas regiones europeas y adquirir experiencia como viajero
independiente. La lectura, la observación y el hábito de tomar notas se
convirtieron en parte de su manera de conocer el mundo.
En octubre de 1998 decidió organizar la vuelta al mundo. Comenzó a preparar el
itinerario, calculó los recursos disponibles y se propuso viajar con el equipaje
indispensable, dispuesto a afrontar las incertidumbres propias de una travesía de
esa magnitud.
233 días alrededor del mundo
El 2 de junio de 1999 comenzó el viaje. La travesía se prolongó hasta el 19 de enero
de 2000: 233 días dedicados a recorrer cinco continentes y conocer diferentes
sociedades, paisajes y tradiciones.
Viajó por su cuenta, combinando distintos medios de transporte y adaptándose a
las circunstancias de cada etapa. Con recursos limitados y una mochila como
equipaje, debió resolver dificultades prácticas, organizar desplazamientos y
encontrar alojamiento en lugares desconocidos. La experiencia exigía tanto capacidad de planificación como disposición para modificar los planes ante situaciones imprevistas.
Pero el viaje no consistía solamente en llegar a nuevos destinos. Méndez
procuraba comprender el contexto histórico y cultural de los lugares que visitaba,
observar la vida cotidiana y establecer relaciones entre las huellas del pasado y
las sociedades contemporáneas. Cada etapa constituía una oportunidad para
ampliar su conocimiento y revisar sus propias ideas sobre el mundo.
Desde el comienzo llevó un registro detallado de la experiencia. En su diario
anotaba fechas, horarios, nombres de lugares, recorridos, medios de transporte,
alojamientos, encuentros y observaciones. También registraba aspectos de la
arquitectura, los monumentos, las costumbres y las historias de las comunidades
que encontraba a su paso.
Ese cuaderno de bitácora se convirtió en el testimonio de la travesía. Más allá del
recuerdo personal, conservaba información sobre las circunstancias concretas del
viaje y permitía reconstruir sus etapas con una precisión poco habitual en los
relatos basados únicamente en la memoria.
Un viaje convertido en documento

La vuelta al mundo no terminó con el regreso a España. La experiencia vivida y
los registros acumulados encontraron una segunda etapa durante la estancia de
Méndez en la abadía de Montserrat, donde residió durante casi siete años.
Allí estudió Teología, Filosofía y lenguas antiguas, y profundizó su interés por la
historia y las culturas. Ese período le proporcionó tiempo y herramientas para
revisar sus anotaciones, ampliar la información reunida durante el recorrido y
trabajar en la elaboración de un libro que integrara la narración de la experiencia
con una investigación posterior.
El resultado fue “Un mundo, un sueño. Diario de la vuelta al mundo”, publicado
por la editorial española Olé Libros en 2011. La obra recupera el itinerario de un
viajero que, a los 29 años, decidió llevar adelante un proyecto largamente
imaginado. El relato combina las dificultades y los descubrimientos del camino
con una mirada interesada en comprender las raíces históricas de los pueblos, sus
tradiciones y sus formas de interpretar la realidad.
La publicación representa la transformación de una experiencia individual en un
documento escrito. El diario fue el punto de partida; la investigación y la escritura
posteriores permitieron organizar ese material y darle una dimensión que
trasciende la memoria personal.
Un pionero en la historia viajera de San Nicolás
Las vueltas al mundo realizadas por argentinos tienen antecedentes diversos,
desde expediciones marítimas hasta travesías en motocicleta, bicicleta y
recorridos por distintos medios de transporte. Cada modalidad tiene sus propias
características y antecedentes, por lo que establecer una clasificación histórica
exige definir criterios de comparación y contrastar documentación.
La travesía de Javier Méndez, iniciada en junio de 1999 y concluida en enero de
2000, merece ser incorporada a esa historia por sus características: fue un viajeindependiente de largo recorrido, atravesó cinco continentes, quedó registrado de manera sistemática y dio origen a un libro publicado.
Pero su historia tiene, además, una dimensión local. Según las averiguaciones
realizadas hasta el momento, no se han encontrado registros de otros viajeros
vinculados a San Nicolás que hubieran completado una vuelta al mundo antes de
1999. Este dato permite situar su experiencia en un lugar destacado dentro de la
memoria viajera de la ciudad y abre la posibilidad de reconocerlo como el primer
nicoleño del que se tiene constancia de haber completado una travesía de estas
características.
La precisión es importante: no se trata de afirmar que nadie lo hizo, sino de
señalar que, hasta ahora, no se han encontrado antecedentes documentados. Esa
distinción permite formular una reivindicación histórica rigurosa, abierta a
futuras investigaciones y respaldada por un hecho concreto: Méndez completó su
viaje en 233 días, recorrió cinco continentes y transformó sus anotaciones en un
libro publicado.
Su condición de pionero no depende de una competencia por ocupar el primer
lugar entre todos los viajeros argentinos. Se apoya en una experiencia verificable
y en su posible primacía dentro de la historia local, cuya relevancia aumenta por
haber quedado registrada y publicada.
De la exploración del mundo a la memoria cultural
Después de su etapa en España, Méndez continuó desarrollando su actividad
como escritor, editor y gestor cultural. Entre sus publicaciones se encuentran “El
poeta Pascual Hereñú”, “La Voz de San Nicolás: Biografía de Nidia Lencina”,
“Sonetos científicos” y “Guía Turística de San Nicolás de los Arroyos”, además de
trabajos dedicados al patrimonio artístico e histórico de la ciudad.
Su labor editorial y cultural se encuentra actualmente vinculada a San Nicolás,
donde preside la Asociación Cultural Rumbo y dirige Club de Lectores, espacio
dedicado al acompañamiento de autores y a la edición de libros. Desde estos
ámbitos impulsa iniciativas destinadas a preservar la memoria local, promover la
literatura y fortalecer los vínculos entre la producción cultural y la comunidad.
Vista en perspectiva, la vuelta al mundo forma parte de una trayectoria en la que
viajar, investigar, escribir y conservar testimonios aparecen como actividades
relacionadas. El recorrido de 1999-2000 fue una experiencia personal, pero su
registro y posterior publicación permitieron que otros lectores pudieran
acercarse a ella.
La historia de Javier Méndez recuerda que los grandes proyectos pueden nacer
de preguntas aparentemente sencillas. En su caso, aquellas preguntas surgieron
en San Nicolás, frente a un atlas y en conversaciones con marineros que llegaban
desde otros lugares del mundo. Décadas después, ese interés se había convertido
en una travesía de 233 días y en un libro que conserva el testimonio de una vuelta
al mundo realizada por un argentino a fines del siglo XX
