Hoy es el Día de la lealtad peronista. Ese día, miles de trabajadores y manifestantes se movilizaron hacia la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, para exigir la liberación de Juan Domingo Perón, quien había sido detenido por sectores militares. La enorme movilización popular logró que Perón fuera liberado y se dirigiera a la multitud desde la Casa Rosada. Este acontecimiento marcó el nacimiento del peronismo como un movimiento político de masas y fortaleció el vínculo entre Perón y los trabajadores argentinos. Detrás de las jornadas históricas que cambiaron la política argentina en octubre de 1945, existe una trama poco conocida que une de manera directa a San Nicolás de los Arroyos con el nacimiento del movimiento peronista. Mientras la tensión crecía en las calles porteñas y se definía el destino del país, Eva Duarte encontró resguardo en las tierras de una de las familias más tradicionales de nuestra región: los Subiza. En el año 2002 el periodista Gabriel Chaparro entrevistó al chofer de Subiza, el nicoleño Honorio Zariaga, quien le contó el suceso del que fue protagonista directo. De esa entrevista extraje los datos para publicarlos en el libro El vino nicoleño en el año 2005. Reproduzco ese texto.
Subiza nació en 1913 y a los veintiún años ya era abogado. Siempre le gustaron los grandes partidos de masas y los proyectos nacionales y, como su padre, Pascual, militó en el radicalismo Irigoyenista. En febrero de 1945 fue designado comisionado municipal por el interventor provincial. Disfrutaba de una situación económica holgada, ya que su familia había heredado cinco estancias pertenecientes a su abuelo.
Su amistad con Perón fue sellada definitivamente durante el episodio fundacional del Peronismo, el 17 de octubre de 1945.
Alertado acerca de los movimientos futuros, Subiza había viajado a Buenos Aires, con su chofer Honorio Zariaga, quien había sido el antiguo capataz de la estancia que tenía en el pueblo de Morante. En la Capital, ocupaban un departamento en calle Bustamante 660, donde también vivía Juan Duarte. Allí permaneció Zariaga durante las noches previas al 17 de octubre. Solo, con la única orden de atender el teléfono que no paró de sonar en toda la noche. Uno de esos días, Zariaga salió a la calle para hacer unos trámites, y vio detenerse frente al edificio un automóvil marca Ford, modelo 1936, color azul. Del auto bajó Eva Duarte y le dijo: “Su patrón nos dice que usted nos va a llevar a la estancia de San Nicolás” (se refiere a la estancia de Subiza en Morante). Sin dudarlo, la hizo subir a ella y a su hermano al Chevrolet 38 color bordó en el que se movía y salieron de la Capital Federal haciendo un rodeo por Luján, porque tenían miedo de que, al pasar por campo de Mayo, los detuvieran. Era un día muy caluroso y Evita sudaba su vestido de seda gris estampado.
En la estancia, varias mucamas se pusieron a su disposición; pero, a pesar de las devociones, Evita se aburría. Zariaga tenía orden de no permitirle salir de la estancia por razones de seguridad, pero de todas formas Eva y Juan se escaparon a San Nicolás y visitaron a los amigos que él tenía de la época en que recorría la provincia como inspector del jabón Radical.
El 18 de octubre regresaron a la estancia y a los pocos días llegaron Perón y Subiza y los cuatro retornaron a Buenos Aires.

