El paso de Charles Darwin por San Nicolás de los Arroyos constituye un episodio de gran interés para la historia de nuestra región. El 29 de septiembre de 1833, el joven naturalista inglés llegó a la ciudad durante una travesía terrestre (había salido de Buenos Aires a caballo el 27 de septiembre, rumbo a Santa Fe). Lejos de navegar a bordo del HMS Beagle, Darwin recorría el interior de la provincia cuando se encontró por primera vez con el río Paraná, una experiencia que registró en su diario y que posteriormente incorporó a su célebre relato de viaje alrededor del mundo.
Acostumbrado a recorrer las extensas llanuras pampeanas, el naturalista se encontró con un paisaje diferente: las barrancas sobre el río, las embarcaciones ancladas al pie de la costa y la amplitud de un curso de agua que se convertiría en uno de los protagonistas de sus anotaciones sobre la geografía argentina.
El impacto visual de las barrancas y los barcos de San Nicolás
Darwin dejó un testimonio directo de su llegada a la ciudad. En el pasaje correspondiente al 29 y 30 de septiembre escribió: 29 y 30 de septiembre.- Proseguimos nuestro camino a través de llanuras absolutamente del mismo carácter. En San Nicolás veo por vez primera el magnífico río Paraná. Al pie del acantilado sobre el cual está construida la ciudad vense varios grandes buques anclados. Antes de llegar a Rosario cruzamos el Saladillo, río de agua pura y transparente, aunque harto salobre para poder beberla. Rosario es una gran ciudad construida en un llano terminado por un tajo que domina al Paraná unos sesenta pies. En este sitio el río es muy ancho y está entrecortado por islas bajas con árboles, lo mismo-que la opuesta orilla. El río se asemejaría a un gran lago, a no ser por la forma de las islas que por sí sola basta para producir la idea de agua corriente. Los cantiles forman la parte más pintoresca del paisaje; algunas veces son verticales en absoluto y de un color rojo vivo; otras veces se presentan bajo la forma de inmensas moles rotas cubiertas de cactus y de mimosas. Pero la verdadera grandeza de un río colosal, como éste, proviene del pensamiento de su importancia desde el punto de vista de la facilidad que proporciona para las comunicaciones y el comercio entre diferentes naciones y llena de admiración el pensar de qué enorme distancia viene este caudal de agua dulce que corre a nuestros pies y cuán inmenso territorio riega.
Por espacio de muchas leguas al norte y al sur de San Nicolás y de Rosario, la comarca es realmente llana. No puede acusarse de exagerado nada de lo que los viajeros escriben acerca de este nivel perfecto. Sin embargo, nunca he podido hallar un solo sitio donde girando con lentitud no haya distinguido objetos a una distancia más o menos grande; pues bien, eso prueba con plena evidencia una desigualdad en el suelo de la llanura. En el mar, cuando los ojos están a seis pies por encima de las olas, el horizonte está a 2 4/5 millas de distancia. De igual modo, cuanto más nivelada está una llanura, tanto más se aproxima el horizonte a estos límites estrechos; pues bien, en sentir mío, eso basta para destruir el aspecto de grandeza que se supone debe notarse en una vasta planicie.
El 27 de diciembre de 1831 zarpó de Plymouth, Inglaterra, el HMS Beagle, un bergantín de la Marina británica que protagonizaría una de las expediciones científicas más influyentes del siglo XIX. A bordo viajaba Charles Darwin, un joven de 22 años que se había graduado ese mismo año en la Universidad de Cambridge, después de abandonar sus estudios de medicina en Edimburgo. Su padre, el médico Robert Darwin, esperaba que siguiera la carrera eclesiástica y, en un principio, se opuso a la expedición por considerarla una decisión poco conveniente para su futuro. La intervención de su tío materno, Josiah Wedgwood II, contribuyó a que cambiara de opinión y aceptara financiar los gastos personales de su hijo durante el viaje.
El viaje de Charles Darwin en el Beagle: la travesía que cambió la ciencia y su paso por la historia argentina
Lo que inicialmente se proyectaba como una expedición de aproximadamente dos años se prolongó durante casi cinco, hasta octubre de 1836. Durante ese período, Darwin recorrió distintas regiones de Sudamérica y otros territorios del Atlántico y el Pacífico, donde reunió observaciones geológicas, fósiles y especímenes de animales y plantas. Aquellas experiencias fueron fundamentales para el desarrollo posterior de sus ideas sobre la transformación de las especies y la selección natural.
La misión británica y el papel del capitán Robert FitzRoy
La expedición del Beagle no fue concebida originalmente como una investigación sobre la evolución biológica. Su objetivo principal era realizar relevamientos hidrográficos y cartográficos, especialmente en las costas de Sudamérica, para mejorar las cartas náuticas y la seguridad de la navegación. La misión respondía a intereses estratégicos y comerciales británicos en el Atlántico Sur y el Pacífico.
Al mando se encontraba el capitán Robert FitzRoy, quien buscaba incorporar a un acompañante de formación y condición social comparables con las suyas, capaz de compartir las comidas y conversaciones durante la prolongada travesía. La recomendación del botánico John Stevens Henslow fue decisiva para que Darwin fuera considerado para el puesto. Además de cumplir esa función social, el joven naturalista desarrollaría investigaciones geológicas y recolectaría especímenes durante las escalas y recorridos terrestres.
La relación entre ambos estuvo marcada por intereses científicos y personales, pero también por diferencias en sus concepciones del mundo. FitzRoy era profundamente religioso; sin embargo, no resulta adecuado presentar como un hecho demostrado que el encargo oficial de Darwin consistiera en encontrar pruebas del Diluvio Universal. La misión documentada del Beagle era fundamentalmente cartográfica, mientras que la investigación de historia natural de Darwin se desarrolló a lo largo de la expedición.
Fósiles y paisajes argentinos: las huellas de un pasado remoto
La Argentina ocupó un lugar destacado en el recorrido sudamericano de Darwin. Durante 1832, en las proximidades de Bahía Blanca, exploró Punta Alta y Monte Hermoso, donde encontró restos fósiles de grandes mamíferos extintos. Entre los materiales que recolectó había restos de megaterios, gliptodontes y otros animales prehistóricos, cuya identificación y descripción científica se completarían posteriormente con la intervención de especialistas como el paleontólogo Richard Owen.
Uno de los aspectos que más llamó la atención de Darwin fue la semejanza entre ciertas estructuras fósiles y las de animales sudamericanos actuales. Las placas óseas de los gliptodontes, por ejemplo, recordaban la armadura de los armadillos, mientras que los megaterios pertenecían al grupo de los perezosos gigantes. Estas correspondencias planteaban preguntas importantes sobre la relación entre las especies extintas y las vivientes, así como sobre los cambios experimentados por la fauna a lo largo del tiempo.
Los hallazgos no condujeron de inmediato a una teoría completa de la evolución, pero aportaron evidencias relevantes para las reflexiones posteriores de Darwin sobre la historia de la vida. El estudio de los fósiles sudamericanos se convirtió así en una pieza importante de una investigación que combinaría paleontología, geología, biogeografía y zoología.
San Nicolás, Rosario y el Paraná: la mirada de Darwin sobre el paisaje argentino
El recorrido argentino también quedó registrado en las descripciones de sus paisajes y cursos de agua. En sus anotaciones correspondientes al 29 y 30 de septiembre, Darwin describió el trayecto por las llanuras hasta San Nicolás, donde contempló por primera vez el río Paraná, y continuó hacia Rosario.
Le llamó la atención la amplitud del río, sus islas bajas cubiertas de vegetación y las barrancas que dominaban algunos tramos de la costa. En Rosario observó un paisaje en el que la extensión del agua y la disposición de las islas daban al Paraná la apariencia de un gran lago. También reflexionó sobre la importancia de aquel caudal para las comunicaciones y el comercio entre regiones distantes.
Sus observaciones no se limitaron a la descripción pintoresca. Darwin examinó las características del relieve y cuestionó la idea de que las llanuras sudamericanas fueran superficies perfectamente niveladas. A partir de sus propias observaciones del horizonte, razonó que incluso las pequeñas irregularidades del terreno podían modificar la percepción de una planicie aparentemente uniforme.
Estas páginas permiten reconstruir la mirada de un naturalista que intentaba relacionar lo que observaba con problemas geográficos, físicos y científicos más amplios. Décadas después, sus diarios de viaje seguirían siendo una fuente relevante para conocer tanto los paisajes sudamericanos del siglo XIX como el desarrollo de sus intereses científicos.
Terremotos en Chile y una nueva perspectiva sobre la historia de la Tierra
En Chile, Darwin fue testigo de las consecuencias del terremoto que afectó a Concepción el 20 de febrero de 1835. El sismo produjo cambios en la costa que permitieron observar cómo los movimientos de la corteza terrestre podían modificar la relación entre el terreno y el nivel del mar. Darwin registró evidencias de levantamiento costero y examinó otros indicios geológicos durante sus recorridos por la región andina.
También encontró fósiles marinos en sectores elevados de la cordillera y estudió formaciones geológicas que contribuían a reconstruir la historia de los Andes. Estas observaciones reforzaron su interés por los procesos naturales capaces de transformar la superficie terrestre durante períodos prolongados.
La importancia de estas experiencias no reside en que un solo terremoto demostrara una teoría geológica completa, sino en que proporcionaron ejemplos observables de procesos que, repetidos a lo largo del tiempo, podían contribuir a producir grandes transformaciones del relieve. En este sentido, las ideas geológicas de Charles Lyell ejercieron una influencia importante en la manera en que Darwin interpretó sus observaciones.
Galápagos: observaciones que adquirieron significado con el tiempo
En 1835, durante su visita a las islas Galápagos, Darwin recolectó ejemplares de aves y observó tortugas gigantes cuyas características variaban entre distintas islas. Sin embargo, no comprendió de inmediato toda la importancia de esas diferencias. En particular, no reconoció inicialmente que los pinzones pertenecían a un grupo estrechamente relacionado, con especies que presentaban variaciones en la forma y el tamaño del pico.
El análisis posterior de sus colecciones, junto con el trabajo de especialistas como el ornitólogo John Gould, permitió reconocer patrones que adquirieron mayor relevancia para sus investigaciones. Las diferencias entre los picos de los pinzones, relacionadas con la explotación de distintos recursos alimentarios, se convirtieron en uno de los ejemplos clásicos de adaptación evolutiva.
No obstante, sería incorrecto afirmar que Darwin descubrió la selección natural de manera instantánea en Galápagos. La teoría surgió de un proceso prolongado de análisis, comparación de evidencias y elaboración de hipótesis que continuó después de su regreso a Inglaterra en 1836.
De la expedición a El origen de las especies
Las observaciones acumuladas durante el viaje del Beagle contribuyeron a transformar la manera en que Darwin comprendía la diversidad biológica y la historia de la Tierra. Los fósiles sudamericanos, los cambios geológicos observados en Chile y las diferencias entre organismos de distintas regiones se integraron gradualmente en una explicación más amplia de la naturaleza.
Tras años de investigación, Darwin publicó en 1859 On the Origin of Species (El origen de las especies), obra en la que desarrolló su teoría de la evolución por selección natural y reunió evidencias destinadas a explicar cómo las especies cambian y se diversifican a lo largo de las generaciones.
El viaje no produjo por sí solo una teoría acabada, pero proporcionó experiencias y materiales decisivos para su elaboración. Su importancia histórica reside precisamente en esa relación entre observación, investigación y construcción de conocimiento: un recorrido que comenzó como una expedición hidrográfica y terminó ocupando un lugar central en la historia de la ciencia.
