Todos los días, cientos de personas caminan, corren o descansan en la Plaza de los Inmigrantes de San Nicolás de los Arroyos. Sin embargo, pocos se detienen ante una estructura cuadrangular de metal oxidado montada sobre una base de hormigón. Este monumento discreto representa un fragmento de la historia laboral y económica que definió el crecimiento de la ciudad durante la segunda mitad del siglo XX.
Una placa que invita a revisar el pasado local
En la base de cemento del monumento se encuentra una placa de bronce colocada por la Municipalidad de San Nicolás el 3 de noviembre de 1965. El texto grabado pertenece al general Manuel Savio, impulsor del Plan Siderúrgico Nacional: “La industria del acero es la primera de las industrias y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella siempre seremos vasallos”.
La inscripción detalla el motivo del homenaje: la Planta General Savio de SOMISA había alcanzado ese año la cifra de un millón de toneladas de lingotes de acero laminados en lo que iba de 1965. Este dato técnico registra el ritmo de producción que la fábrica mantenía a pocos años de su inauguración oficial en 1960.
El origen del desarrollo industrial en San Nicolás
La Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA) se creó por ley en junio de 1947. Su planta industrial, construida en la zona de Ramallo y San Nicolás, comenzó a operar formalmente en julio de 1960. El 20 de mayo de 1961 se realizó la primera colada de arrabio líquido en el Alto Horno Nº 1, y pocos días después se inició la producción en los hornos Siemens Martin.
Para mediados de la década de 1960, la actividad de la fábrica atrajo mano de obra de diferentes provincias y del extranjero. Este flujo migratorio modificó la demografía local y extendió el área urbana con la construcción de nuevos barrios destinados a los empleados de la empresa, que hacia 1990 llegó a registrar un plantel de 15.000 trabajadores antes de su privatización en 1991.
Un punto de referencia para la memoria urbana
A diferencia de otros monumentos de la ciudad, este bloque de acero no cuenta con iluminación destacada ni señalética moderna. Su estado actual refleja el paso del tiempo sobre el mismo material que produjo la planta.
El monolito funciona como un recordatorio físico de la transición de San Nicolás de una economía agrícola a un centro industrial. Su presencia en la Plaza de los Inmigrantes permite a quienes transitan por el lugar conectar el espacio público actual con los procesos productivos y sociales que configuraron la comunidad nicoleña.

