Fue el primer confidente de Gladys Motta en 1983 y el gran impulsor de la construcción del Santuario que hoy cobija a millones de peregrinos. Sus restos ya descansan en la cripta del templo junto a Monseñor Cardelli.
La comunidad religiosa de San Nicolás y miles de fieles en todo el país despiden con profundo dolor al padre Carlos Pérez, una figura clave e imprescindible para comprender la historia, el desarrollo y la identidad del Santuario María del Rosario de San Nicolás. Su fallecimiento, ocurrido en las últimas horas, marca el fin de una era para la Iglesia local.
El padre Carlos no fue un sacerdote más. En septiembre de 1983, siendo el párroco de la Iglesia Catedral, se convirtió en el primer sacerdote en recibir la revelación de las visiones marianas por parte de la vecina Gladys Motta. Con prudencia, paciencia y una profunda guía espiritual, custodió esos primeros meses de incertidumbre y fe que terminarían transformando para siempre la fisonomía y la vida espiritual de San Nicolás de los Arroyos.
Además de su rol como confesor y primer rector del lugar, el padre Pérez se puso al hombro la gestión y coordinación de la monumental construcción del Santuario, levantado en el antiguo "Campito" a la vera del río Paraná.
Una emotiva despedida en el corazón del Santuario
El templo lució colmado por familiares, amigos de toda la vida y una enorme cantidad de fieles y seguidores que se acercaron a rezar por su eterno descanso. En los testimonios y homenajes que circularon durante la jornada se rescató de manera unánime su humildad, su lucidez para discernir los caminos de la fe y su firme convicción de que la verdadera protagonista de esta obra siempre fue la Virgen, y no los hombres.
"Nos enseñó a amar a la Virgen y a la Iglesia, y siempre nos recordaba a los sacerdotes que la importante acá es Ella, no nosotros", se escuchó decir con emoción a uno de los curas presentes en la despedida.
Hacia el final de la ceremonia, el féretro fue trasladado al sector de las criptas del templo. Allí, en un ambiente de recogimiento y aplausos espontáneos, su cuerpo fue depositado para su descanso eterno al lado de los restos de Monseñor Héctor Cardelli, el obispo que en 2016 declaró formalmente el carácter sobrenatural de las manifestaciones marianas en la ciudad.
San Nicolás despide así a un pastor silencioso y laborioso. Un hombre que supo escuchar cuando la fe golpeó a su puerta en 1983 y que dedicó el resto de sus días a edificar la casa de la Madre para todos los argentinos.


