miércoles, 13 de mayo de 2026

Avenidas peligrosas: el calvario de cruzar las esquinas sin semáforos en San Nicolás

Falcón y Bolívar. El poste está, el semáforo no.

Los vecinos nicoleños convivimos con el riesgo constante de accidentes de tránsito. Muchos de esos peligros tienen que ver con la falta de semáforos. Cruzar esquinas como Falcón y Bolívar o Alberdi y Rondeau se ha transformado en una maniobra de supervivencia, especialmente durante las horas pico de ingreso escolar. La falta de equipamiento lumínico en postes ya instalados desde hace años evidencia una desidia que impacta directamente en la seguridad vial y la integridad de los peatones nicoleños.

La visibilidad reducida es el factor común en las tragedias que se repiten sobre el asfalto. En avenida Falcón, al circular por calles laterales como Italia, 25 de Mayo, Bolívar, Roca, Las Heras o Brown, los conductores se ven obligados a asomar la trompa de sus vehículos debido a los autos estacionados que bloquean la visión hacia la avenida. Esta trampa mortal ha generado múltiples choques laterales, los cuales podrían evitarse con una correcta sincronización de semáforos. En la zona norte, el cruce de Zaracondegui y Chacabuco se suma a esta lista de puntos críticos donde la ausencia de ordenamiento vial es una deuda pendiente de la gestión local. Pero esta esquina es solo un ejemplo. Hay muchas esquinas peligrosas como esta en la ciudad. Los vecinos de cada uno de los barrios las conocen.

Inversión pública y prevención de siniestros

Estudios internacionales de movilidad urbana confirman que la instalación de cruces controlados reduce hasta un 30% los accidentes con lesionados graves. Sin embargo, en San Nicolás, la falta de explicaciones oficiales sobre por qué no se completan las obras en avenidas troncales genera indignación. Sería bueno que parte de los fondos públicos se traduzcan en señalización inteligente y temporizadores peatonales. No se trata de un gasto, sino de una inversión necesaria para mitigar los puntos negros del mapa accidentológico local y proteger la vida de quienes transitan diariamente por la ciudad. Un semáforo bien puesto reduce el error humano: elimina la duda de quién tiene la prioridad;  protege al peatón: crea una ventana de tiempo segura para cruzar, algo vital en zonas escolares; baja la gravedad: si bien pueden aumentar los roces traseros por frenadas bruscas, disminuyen drásticamente los choques en "T" (laterales), que son los que suelen dejar heridos graves.

El reclamo no es caprichoso; se basa en la evidencia de una infraestructura a medio terminar que languidece bajo el sol. Las columnas desnudas en la intersección de Falcón y 25 de Mayo son el monumento a una promesa de seguridad que no llega. El hecho de que existan columnas instaladas (como en Falcón y Bolívar) pero sin el equipo lumínico sugiere una obra civil iniciada y nunca terminada. Esto es especialmente frustrante para el vecino, ya que la inversión más pesada —la fijación de postes— parece estar hecha, faltando solo el componente final y la programación del controlador. Mientras el tránsito crece y la velocidad en las avenidas aumenta, la planificación urbana parece ir a contramano de la realidad. La gestión del ordenamiento vial debe ser una prioridad inmediata para evitar que el próximo siniestro sea noticia. La seguridad de las familias que circulan por Echeverría, Lamadrid o Soler no puede seguir esperando una respuesta administrativa.

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