Por Walter Alvarez
El artista visual nicoleño Ramiro Pasch inauguró el 24 de junio su muestra individual Primum Mobile en ALMACÉN 47, el espacio de ALMACÉN |arte contemporáneo| ubicado en San Martín 954 / Florida 971, Piso 1, Local 47 Ciudad de Buenos Aires. La exposición fue curada por Julio Sánchez Baroni.
![]() |
| Primum mobile, tinta y acuarelas sobre papel, 31,5x50 (enmarcado 39,5x58), 2026 |
Primum Mobile reúne trabajos realizados en temple al huevo, acuarela y estilógrafo sobre papel y tabla. El recorrido presenta paisajes, arquitecturas imaginarias, montañas, grutas, ríos y figuras arquetípicas que conforman el universo visual desarrollado por el artista. En su producción aparecen referencias a la mitología, la filosofía, la espiritualidad y la construcción de relatos visuales a través de imágenes de gran precisión.
Nacido y residente en San Nicolás de los Arroyos, Ramiro Pasch desarrolla su producción a partir del dibujo, la acuarela y el temple al huevo. Esta última técnica, utilizada históricamente en íconos, retablos y manuscritos iluminados, ocupa un lugar central en su obra tanto por sus posibilidades plásticas como por su carga simbólica.
Con esta exposición, ALMACÉN continúa con su programa de difusión y acompañamiento de artistas contemporáneos, promoviendo su circulación en el ámbito artístico de la Ciudad de Buenos Aires.
La muestra marca un nuevo paso en la trayectoria del artista, quien integra el staff permanente de la galería. Llega además después de que sus obras ingresaran a colecciones durante la Feria AFFAIR 2025 y de haber recibido una Mención en la Bienal de Arte Sacro Contemporáneo 2026 por la obra Logos.
![]() |
| Logos, temple al huevo sobre tabla, 20cmx30cm, 2025 |
Uno de los hechos destacados de la inauguración fue la adquisición de Logos y de su dibujo preparatorio. La obra había obtenido en marzo de 2026 una Mención en la Bienal de Arte Sacro Contemporáneo, reconocimiento que puso el foco en su vínculo con el simbolismo, la espiritualidad y las tradiciones visuales. La compra de ambas piezas por parte de un coleccionista que sigue la producción del artista representa un nuevo respaldo a su trabajo.
Yaguaronet dialogó con Ramiro respecto al desarrollo de su lenguaje visual y sus procesos de producción
Primum Mobile: El origen y el misterio
Yaguaronet: El título
de la muestra Primum Mobile. ¿A qué refiere?
Ramiro: El título significa, literalmente, «primer movimiento». Refiere a la idea medieval de que la Tierra es el centro del universo y está rodeada por varias esferas celestes. La última de ellas, la esfera de las estrellas, se llama Primum Mobile porque es el primer motor; el que da movimiento al resto de las esferas celestes. Es el origen. La idea de la muestra es pensarlo en ese sentido: como el «primer motor» o la fuerza fundamental de la que parte todo. Todas mis obras tienen un fundamento narrativo y teórico, porque sería muy difícil inventar de la nada; la obra no tendría tanto peso. Por eso, muchas de mis investigaciones bibliográficas son sobre el origen de las cosas, abarcando desde mitos cristianos hasta el Enuma Elis, el mito de la creación mesopotámico. Cuando estaba definiendo la exposición con el curador, Julio Sánchez, le mostré una obra que tenía un título en latín. A él le encantó y me sugirió que no le tuviera miedo al latín y que usara otros títulos en ese idioma. Así se me ocurrió ponerle Primum Mobile a la muestra. Es un título con un sonido que me gusta para una propuesta de este estilo: un tanto mística, extraña y particular, que habla sobre lo luminoso, sobre lo que no vemos y sobre el origen circular de las cosas, representado en la esfera o el uróboros.
Cuando hablas del origen siempre
te remitís a mitos o a ideas medievales, pero nunca mencionas la explicación
científica. ¿Por qué esa conexión con lo mítico y no con lo científico?
Lo que pasa es que, de una u otra manera, todo lo que conocemos se basa en la fe. La fe se puede interpretar como la aceptación de que existe algo que no podemos explicar. Si tratamos de desentrañar el funcionamiento de las cosas a través de sucesivos «porqués», siempre llega un punto en el que ya no podemos preguntar más y solo nos queda aceptar que las cosas son así. Podemos explicar el software de un teléfono, el funcionamiento de sus transistores y que el silicio es un mineral que se graba con una máquina de altísima precisión. Pero llega un punto en el que el conocimiento se agota y uno debe decir: «funciona porque funciona». Tarde o temprano llegamos al primer motor. En la religión, ese origen es Dios; en la ciencia, se acepta al Big Bang como ese primer motor. Pero, ¿qué había antes del Big Bang? No se sabe, todo es teórico. Y cuando es teórico, también es una cuestión de fe. Al final, uno tiene que aceptar que las cosas son así porque son así.
¿Te sirve entonces saltearte
esos pasos científicos y recurrir directamente a ese primer motor vinculado a
la fe para trasladarlo a tu pintura?
Claro. Mucha gente me pregunta de qué se tratan las obras. Yo trato de hablar lo menos posible porque me gusta que quede un misterio guardado para que el público lo descubra. Hay una idea que leí, que me gustó mucho: «Solo en la paradoja puede existir lo divino». Una religión sin paradoja no tiene sustento, porque justamente lo luminoso es paradójico. En el cristianismo tenemos a un Dios que es uno y trino al mismo tiempo; en el mito egipcio, Isis junta los pedazos de Osiris para dar vida a su hijo. Los opuestos se unen en una sola idea. La paradoja del Big Bang es la misma: es el origen de todo, pero no sabemos qué había antes; es el origen del caos y, a la vez, del orden. El principio y el fin terminan siempre en un mismo punto.
¿El espectador puede encontrar
esa paradoja al mirar tus cuadros?
A lo mejor sí, a través de algunos títulos. Por ejemplo, Logos, la obra que presenté en la Bienal de Arte Sagrado. «Logos» es una palabra griega con muchas acepciones en las escrituras, donde suele traducirse como «el Verbo se hizo carne». Sin embargo, la traducción al latín fue algo imprecisa, porque para los griegos Logos es, ante todo, conocimiento o pensamiento, no acción. En esa obra pinté un árbol de granada tapado por un velo, y sobre el velo hay dibujada otra granada que se transparenta. La idea detrás de la obra es que existe un velo que tapa lo que está por detrás; ese velo representa la realidad, mientras que lo que está por delante es solo una manifestación o una representación con todas sus imperfecciones.
La cocina de la técnica: El temple al huevo
Hablemos de la técnica. El
temple al huevo, ¿cómo se trabaja?
Es una de las técnicas de pintura más elementales. Es muy fácil de entender conceptualmente, aunque trabajarla es sumamente difícil. Consiste en separar la yema de la clara y mezclarla con un poco de agua para que la pintura corra mejor. Esa solución se mezcla en el momento con pigmentos sólidos en polvo. Los pigmentos de buena calidad son más caros porque garantizan mayor permanencia en el tiempo. A diferencia del óleo o la acuarela, que vienen preparados en tubos o pastillas porque no caducan, el temple al huevo tiene un componente orgánico, por lo que debe prepararse al instante.
¿Y el color amarillo de la yema
no altera el color del pigmento que vas a usar?
Prácticamente no, queda casi
transparente al secar. Lo que varía según el huevo es el contenido graso de la
yema; si es muy alto, hay que agregar un poco más de agua para que no quede tan
espeso. El agua luego se evapora y lo que fija el color en la tabla es la yema.
Una vez seca, la yema pasa por un proceso de polimerización y se cristaliza,
quedando atrapada en el soporte para siempre. No se pudre.
¿Se barniza este tipo de obras?
Hay quienes recomiendan
barnizarlo y quienes no. Yo no lo hago, porque el barniz aporta brillo,
contraste y saturación, alterando las propiedades naturales del temple, que es
característicamente opaco y mate. Lo que suelo hacer al terminar una obra es
frotarla con un paño muy suave para pulirla sutilmente.
¿Cómo se logran las luces y los
volúmenes con una pintura que seca tan rápido?
El temple al huevo seca de
manera casi instantánea, por lo que no permite hacer mezclas pigmentarias sobre
el soporte como el óleo, donde barres el pincel para fundir los colores. En el
temple la mezcla es óptica. Es una técnica transparente que se trabaja
realizando muchísimas líneas y tramas gestuales, superponiendo capa sobre capa.
Al sumar estas tramas, el ojo del espectador percibe las transiciones y los
volúmenes. Por eso, las obras al temple —como las de Botticelli— son
visualmente más rígidas y lineales que las obras al óleo posteriores al
Renacimiento, que permiten transiciones perfectas ideales para representar la
piel humana.
¿Por qué elegiste esta técnica
tan compleja?
Primero, porque me pareció algo particular, extraño y atractivo para investigar. Pero también por una transición natural en mi propio trabajo. En 2016 hice mi primera muestra individual en el Museo de la Ciudad de Rosario, que consistía en dibujos de plantas del Parque de la Independencia. Yo venía trabajando mis dibujos con tramas de tinta usando estilógrafo. Para lograr volumen con la tinta sin recurrir a la aguada, la única forma es superponer tramas de líneas, tal como se hace en el grabado. Con los años empecé a incorporar acuarela a mis dibujos, pero aplicándola de la misma forma: esperaba que secara y construía tramas de líneas en seco sobre el papel. Cuando decidí dar el salto a la pintura, el temple al huevo me resultó el camino más corto y natural, porque comparte esa misma lógica: es un material transparente que se trabaja mediante tramas y que no admite empastes gruesos porque se quiebra. Sentía que había tocado un techo con la tinta y la acuarela y quería lograr algo más pictórico, con más peso. El resultado del temple es único. Al ser una pintura completamente plana y sin volumen matérico, genera un acabado tan liso y opaco que hay gente que al ver mis obras llega a pensar que se trata de una impresión o una copia. Es una técnica compleja, pero el resultado lo amerita.
Para cerrar, Ramiro, ¿dónde se
puede ver tu obra actualmente?
Actualmente tengo una muestra
individual en Buenos Aires que estará disponible por unas semanas más. De todas
formas, como trabajo de manera estable con una galería de allá, mis obras —ya
sean temples, dibujos o acuarelas— siempre están disponibles en su trastienda o
en exposición. También participaré próximamente en la feria AFFAIR en Buenos
Aires. Así que, aunque por el momento en San Nicolás no tengamos muestras
activas, siempre se puede encontrar mi trabajo de forma permanente en Buenos
Aires.

,%202026.jpg)

,%202026.jpg)