martes, 21 de julio de 2026

Se cumplen 55 años de la creación del Museo de la ciudad "Gregorio Santiago Chervo"

Museo gregorio santiago chervo
Imagen fototecasannicolas.org

Por Walter Alvarez 

Al cumplirse un nuevo aniversario de la creación del Museo de la Ciudad, repasamos la historia de este emblemático espacio patrimonial y la huella imborrable de su fundador, Gregorio Santiago Chervo. Como homenaje a su incansable labor en favor de la cultura y la preservación de la memoria local, compartimos una semblanza de la institución y rescatamos de nuestros archivos un fragmento de una de las numerosas conversaciones que mantuvimos con él durante una de nuestras recorridas por el museo.


El Museo de la Ciudad fue creado en 1946 por don Gregorio Santiago Chervo. Durante veintitrés años, gestionó de manera privada esta institución en su propio domicilio de León Guruciaga 343. El 14 de abril de 1969, en el 221.º aniversario de San Nicolás de los Arroyos, se sancionó por decreto su carácter de Museo Municipal. El acervo inicial se conformó con las colecciones particulares de su creador y se incrementó paulatinamente gracias a aportes del Archivo Histórico de la Municipalidad, el Juzgado de Paz, los libros de actas de la Comisión Municipal y del Concejo Deliberante, y el archivo del Consejo Escolar.

El 18 de julio de 1971, la institución dejó su sede inicial de  para instalarse en su edificio actual de calle Francia 187. En un acto encabezado por el intendente municipal Dr. Miguel María Bent, quedó habilitado el Museo y Archivo Histórico Municipal «Primer Combate Naval Argentino». La propiedad, una antigua casona adquirida por el municipio durante la gestión de Bent, había pertenecido a la familia Gard durante más de un siglo.

Al edificio principal se le anexa un sector complementario al que se accede tanto desde el interior como por la calle León Guruciaga 136. Esta espaciosa edificación fue construida en 1872 por Eugenio Oliden, concesionario de los mercados locales. Allí funcionó hasta aproximadamente la década de 1950 el Mercado Norte, conocido popularmente como el «Mercado Chico».

El 25 de mayo de 2007, la institución pasó a llevar oficialmente el nombre de su fundador. La distinción fue impulsada por el intendente municipal farmacéutico Marcelo Carignani —nieto de Chervo—, quien tiempo antes, durante la gestión del intendente Pedro Novau, ya había sido declarado Ciudadano Ilustre.

El fundador: memoria y testimonio

Gregorio Santiago Chervo nació el 25 de mayo de 1913. A lo largo de su vida publicó innumerables obras entre libros y folletos, desde 1963 hasta su último trabajo, presentado el 21 de septiembre de 2000 en la V Feria del Libro, marco en el cual recibió un público homenaje. Falleció el 20 de junio de 2002, a los 89 años, habiendo ejercido como director del museo hasta su muerte.

En un testimonio entrañable recogido en una de nuestras tantas visitas al museo, el propio Chervo nos recordaba sus inicios:

«A los quince años inicié mi colección de cosas de San Nicolás a través del periodismo, que también fue mi primer trabajo. Al tiempo me encontré un poco más involucrado en esta vida agitada del periodismo... agitada por lo que caminaba (se ríe).

Durante la tremenda crisis de 1929 y 1930 yo tenía diecisiete años, de manera que la viví bien a fondo. Como el trabajo escaseaba muchísimo, anduve buscando cualquier cosa que pudiera conseguir. Fui inclusive a ver al administrador del puerto de ultramar. Cuando me presenté, el señor Severo Fernández, que era el contratista, me dijo: “No, pibe, vos sos muy jovencito para esto”. Yo quería trabajar de lo que fuera. Había varias especialidades, como la costura de bolsas, pero no tuve suerte.

Así que seguí caminando. Por indicación de un agenciero de San Nicolás que tenía una importante agencia de distribución de publicaciones argentinas —en especial de La Prensa y La Razón, los dos principales diarios de la época—, llegué a un hombre de apellido Ardite. Este hombre había montado una agencia en su casa de calle De la Nación 273 y hacía vivir allí a varias personas, porque tenían que levantarse muy temprano para repartir los diarios. Hasta yo dormía ahí, a pesar de que mi casa estaba a solo dos cuadras. A la mañana siguiente, muy tempranito y a oscuras, salía a la calle.

Me tocó en suerte salir con él. Hacía un radio céntrico de siete u ocho cuadras con cuatro o cinco muchachos, y el resto lo distribuía cada uno en sus sectores por toda la ciudad. Salíamos por calle De la Nación y hacíamos un recorrido por Almafuerte, Pellegrini y Garibaldi. La esquina de Garibaldi y Almafuerte era una parada, y el primero en quedar fijo ahí fui yo. Así que me tocaba vender en esa esquina.

¿Voceaba el diario?

Sí: “¡La Prensa, La Razón, quinta diario!”, permanentemente. Daba resultado porque la gente lo compraba.

También vendían los diarios locales?

No, los diarios locales tenían sus propios canillitas.

¿Siempre estuvo en esa parada?

Poco a poco me fueron ampliando el radio. Después tuve una parada en Casa Riva, en Álvarez y De la Nación. De ahí me tocó repartir en las quintas. Partiendo de Casa Riva, caminaba por De la Nación hasta la quinta de Lanza, en el cruce a La Emilia; todo ese trayecto lo hacía caminando, de ida y vuelta. Me resultaba interesante porque todas las familias quinteras me recibían muy bien. Conversábamos con cada una, esperaban el diario... Lo hice con satisfacción y me hice muy amigo de la gente, especialmente de las chicas quinteras, con las que charlaba bastante.

Después de dejar el reparto de diarios ingresé en un fuerte comercio local: Vicoli Hermanos. Era tienda, casa de música, mueblería, talabartería y zapatería; tenían cinco o seis negocios distribuidos en la ciudad. Yo entré a trabajar en el local principal, en Mitre y Almafuerte, en la sección de joyería y música, y me asignaron con uno de los hermanos. Una de las victrolas nuevas, recién llegada, estaba colocada en la puerta de la esquina y mi función era tocarla continuamente cuando no tenía otra tarea. Debía cambiar los discos: música nacional, cantantes y orquestas de la década del 30, y también otros géneros.

¿Se vendían muchas victrolas?

Sí. Eran para casas importantes, muebles especiales para una habitación o rincón distinguido. Junto con esto había todo tipo de aparatos, hasta gramófonos con bocina grande.

Usted tiene expuesta en el museo una guitarra, que tiene una historia ligada a su juventud.

Tenía unos amigos, los hermanos Colalucce, en el comienzo del barrio Abrojal, en la calle 25 de Mayo. Uno de ellos tocaba la guitarra; me entusiasmé y empezamos a practicar. Al tiempo yo lo acompañaba. Era una guitarra Núñez, famosa en la época, que compré cuando tenía dieciséis años.

¿Dónde tocaban?

Con ese grupo salíamos a dar serenatas por el centro. Yo era el cantante, la primera voz. Recorríamos De la Nación y Mitre. Una vez nos pasó algo curioso: un familiar de uno de los muchachos nos invitó a dar una serenata en calle Mitre. Empecé a cantar y al rato nos sacaron a los tiros desde adentro de la casa, ¡así que nos dimos una corrida bárbara!

¿Qué música interpretaban?

Tocábamos música popular argentina: tangos y valses».

Historia del edificio y puesta en valor

La casona donde se asienta el museo fue construida alrededor de 1850 por un comerciante de apellido Viale, quien residía frente a la plaza Mitre, sobre la calle Sarmiento. En 1879, Federico Gard adquirió la propiedad para establecerse con su familia. Gard fue una figura prominente de la sociedad local, con raíces en el Uruguay, que desarrolló una intensa actividad social, comercial e industrial, llegando a poseer empresas de navegación y colaborando activamente con la cultura y la educación nicoleña. Falleció en 1917. En 1970 murió la última de sus hijas que habitaba la casa, quien falleció a los noventa y un años sin haber salido jamás de esa residencia. Los muebles que hoy se exhiben en la sala dedicada a la familia Gard corresponden al juego original de su sala de recepción. En otras salas se conservan retratos del padre de Gard.

La vivienda conserva un patio característico de la época: embaldosado, con piletas para plantas y separado del jardín por una verja y puerta de hierro con pilares de mampostería. En este espacio se exhiben rejas de puertas y ventanas —las más antiguas datan de 1859—, balcones y una urna funeraria en mármol de Carrara firmada, pertenencia del coronel Prudencio Arnold, militar de la época de Rosas. Jazmines, malvones, helechos, junto a un tradicional banco de plaza, recrean la atmósfera del pasado.

Con el paso de las décadas, la antigua edificación sufrió un progresivo deterioro que hizo imprescindible su restauración. El Gobierno Municipal encabezado por el intendente Marcelo Carignani implementó un plan estratégico de preservación patrimonial destinado a recuperar edificios emblemáticos. La casona del museo fue una de las prioridades de ese programa.

En 2010 comenzaron las obras de consolidación y restauración. Entre los trabajos principales destacaron la limpieza y puesta en valor de la fachada, la reparación de revoques, techos, mampostería, ornamentos y yesería, además de la renovación total de las instalaciones de electricidad, gas y agua. Asimismo, se adecuaron los sanitarios para personas con movilidad reducida y se amplió la sala de consulta del archivo y la hemeroteca.

La obra representó una inversión estatal de $500 000, lo que permitió no solo preservar el valor arquitectónico y cultural de un inmueble con más de 120 años de historia, sino también redistribuir los espacios de exhibición y optimizar la atención a los visitantes.

El 21 de septiembre de 2011, el Museo y Archivo Histórico Municipal «Don Gregorio Santiago Chervo» reabrió sus puertas totalmente renovado, consolidándose como uno de los espacios patrimoniales más significativos de la comunidad nicoleña.

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