El mapa visual de San Nicolás de los Arroyos está cambiando de forma silenciosa pero constante. Quien recorra hoy las calles céntricas notará que el ritmo frenético de las demoliciones de fachadas antiguas ha mermado notablemente
Este fenómeno no es una casualidad del mercado ni una moda arquitectónica: es el resultado directo de la aplicación del Código Urbano Ambiental (CUA) aprobado por el Concejo Deliberante en junio de 2019
El freno a los abusos constructivos en el Casco Histórico
Durante décadas, la antigua normativa de 1989 rigió el crecimiento de la ciudad con indicadores urbanos extremadamente altos para el centro
La concentración edilicia no solo ponía en riesgo la identidad nicoleña, sino que chocaba de frente con una realidad estructural: la infraestructura de servicios públicos tiene límites de capacidad
¿Qué cambió en 2019?
El nuevo Código no prohibió que se construyan viviendas en el centro, sino que ordenan cómo deben ser los edificios
Las avenidas como zonas de oportunidad y desarrollo
Al regular el centro, la normativa tuvo que abrir "válvulas de escape" para no frenar la inversión privada y el crecimiento habitacional. Ahí es donde toman protagonismo las avenidas principales de la ciudad
Un ejemplo concreto de este nuevo urbanismo es la obra de cinco pisos que la firma Roca Construcciones levanta actualmente en Avenida Falcón al 476, en la acera correspondiente al barrio Las Flores
Nuevas centralidades y excepciones frente al paisaje
El ordenamiento de 2019 también contempló la relación de la arquitectura con el paisaje natural de San Nicolás. Aunque las nuevas reglas castigan y prohíben que se hagan torres gigantes pegadas a las casas de los vecinos, la ley es distinta si el terreno da de frente a una plaza, a un parque o a la costanera
Bajo este concepto se inscriben desarrollos residenciales premium de constructoras locales de gran trayectoria, como el caso de Di Santo Construcciones con el edificio ubicado en Alem al 231. Al estar emplazado frente al Parque San Martín, la amplitud del espacio abierto absorbe el impacto de la altura, permitiendo construcciones verticales que aportan modernidad sin ahogar el entramado urbano ni tapar el sol a los vecinos
San Nicolás está cambiando. Quizá pronto, si los vientos de la construcción mejoran y la economía acompaña, nuestros barrios se pueblen definitivamente de perfiles nuevos y siluetas de hormigón que miren al nicoleño desde lo alto. Las viviendas de barrio, con su particular y reconocible fisonomía, van cediendo su lugar a los edificios. Queda en nosotros asegurar que en este viaje hacia la modernidad no se nos evapore el alma nicoleña.
