sábado, 2 de mayo de 2026

Dos músicos nicoleños amigos de toda la vida y la historia de una guitarra artesanal única

Por Walter Alvarez

Dos amigos de toda la vida unidos por la madera y el sonido. Rubén Chiavia talló con sus manos el regalo perfecto para Mario Corradini. Una guitarra artesanal que viaja desde San Nicolás hasta Mar del Plata para sellar una hermandad de años. El arte de la luthería y la mística de la música en un abrazo inolvidable.


En San Nicolás de los Arroyos el talento y la amistad suelen ir de la mano, y la historia de Rubén Chiavia y Mario Corradini es un testimonio de ello. Chiavia, guitarrista, docente y exdirector de la Escuela de Arte, dedicó su etapa de jubilación a la luthería, un oficio que aprendió con otro guitarrista y luthier, Sebastián Keller, y que requiere precisión y paciencia absoluta. Tras meses de trabajo, el luthier culminó la fabricación de su segunda guitarra artesanal, un instrumento con una carga emotiva particular, ya que fue concebido especialmente para su amigo de toda la vida.

El destinatario de esta pieza única no es otro que Mario Corradini, músico emblemático y exintegrante de la mítica banda nicoleña Irreal, formación que compartió con un joven Juan Carlos Baglietto en sus inicios. Para concretar la entrega, Chiavia viajó desde nuestra ciudad hasta Mar del Plata, donde reside actualmente Corradini. El encuentro, registrado en un video cargado de afecto, mostró el momento exacto en que la "morocha" —como llamaron cariñosamente a la guitarra— salió de su estuche por primera vez ante los ojos de su nuevo dueño.

Un instrumento con historia y materiales de precisión

Durante la entrega, los protagonistas destacaron los detalles técnicos que hacen de este ejemplar una joya de la luthería contemporánea. Según se observa en el registro audiovisual, la guitarra posee una pala de Antonio Torres, basada en un diseño histórico de 1853, lo que le otorga una estética clásica y un sonido de profundidad excepcional. "Vamos con la morocha, vamos", exclamó Corradini conmovido al retirar la gamuza protectora, mientras Chiavia señalaba con orgullo la etiqueta interna que reza: "Rubén Chiavia, constructor de guitarras, San Nicolás, Argentina".

La emoción de Corradini fue evidente al tomar el instrumento y sentir el peso de la madera seleccionada por su amigo. "Es una maravilla, vamos a ver cómo suena", afirmó el músico antes de probar las primeras cuerdas. Este gesto reafirma el valor del patrimonio cultural nicoleño que viaja por el país a través de sus artistas. La trayectoria de ambos, forjada en las aulas y escenarios de San Nicolás, se resume hoy en este objeto de arte que une la docencia, la interpretación musical y el oficio artesanal en una sola pieza de colección.



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