La “rana criolla” (Leptodactylus latrans), es uno de los anfibios más característicos del nordeste bonaerense. Su cuerpo robusto, las manchas oscuras irregulares y las líneas dorsales claras coinciden con los rasgos típicos de esta especie sudamericana. Habita lagunas, zanjas, bañados y sectores húmedos cercanos al río Paraná, ambientes presentes dentro de la reserva nicoleña del Parque Aguiar. Puede alcanzar hasta doce centímetros de longitud y posee patas traseras fuertes, adaptadas para grandes saltos y desplazamientos acuáticos.
La presencia de esta rana dentro del Parque Rafael de Aguiar revela además la importancia ecológica de este espacio protegido, creado para preservar los ecosistemas de barrancas, islas y humedales del norte nicoleño. Los anfibios son considerados indicadores ambientales naturales porque su piel permeable los vuelve extremadamente sensibles a la contaminación y a las alteraciones climáticas. Cuando las ranas desaparecen, suele tratarse de una señal temprana de deterioro ecológico. Por eso, encontrar ejemplares saludables en los humedales del parque representa un dato alentador para la biodiversidad local. La especie se alimenta principalmente de insectos, arañas y pequeños invertebrados, ayudando naturalmente al control biológico de plagas urbanas y rurales.
Un habitante nocturno clave para el equilibrio del humedal
La rana criolla desarrolla hábitos mayormente nocturnos y suele permanecer oculta entre la vegetación durante el día para evitar la deshidratación. En noches cálidas y húmedas, especialmente luego de lluvias intensas, los machos emiten vocalizaciones graves destinadas a atraer hembras y marcar territorio. Uno de los comportamientos más curiosos de la especie es la construcción de nidos de espuma, donde deposita los huevos para protegerlos de depredadores y cambios bruscos de temperatura. Tras la eclosión, los renacuajos alcanzan cuerpos de agua permanentes para completar su metamorfosis. Este mecanismo reproductivo le permitió adaptarse exitosamente a ambientes naturales y suburbanos de gran parte de Argentina.
El Parque Rafael de Aguiar constituye uno de los refugios naturales más importantes del norte bonaerense y alberga una notable diversidad de fauna autóctona. Entre aves, reptiles y mamíferos, los anfibios ocupan un rol silencioso pero fundamental dentro de la cadena ecológica. Sin embargo, la expansión urbana, los agroquímicos y la modificación de humedales representan amenazas crecientes para estas especies. Es un ecosistema vivo, donde sobreviven criaturas que habitan la región desde mucho antes de la expansión de la ciudad. Observarlas y protegerlas implica conservar una parte esencial del paisaje natural nicoleño y de la identidad ribereña del Paraná.

