lunes, 27 de abril de 2026

1829, el año en que San Nicolás fue sitiadas durante ocho meses

Imagen que representa la defensa de San Nicolás de los Arroyos durante las guerras civiles del siglo XIX.
Imagen IA

Un día como hoy, pero del año 1829 comenzaba el sitio a la ciudad de San Nicolás. Un sitio que duró ocho meses  y que los nicoleños de entonces lograron resistir sin rendirse. San Nicolás de los Arroyos quedó así como uno de los escenarios más significativos de las guerras civiles argentinas, símbolo de la resistencia unitaria frente al avance federal y punto estratégico clave por su control del río Paraná.

Con información tomada del libro La Historia de San Nicolás de Ricardo Eseverri


Antecedentes

En diciembre de 1828 se desencadenó uno de los conflictos más decisivos de la historia argentina, enfrentando a dos proyectos políticos opuestos: los unitarios, partidarios de un poder central fuerte en Buenos Aires, y los federales, defensores de la autonomía de las provincias.

El 1° de diciembre de 1828, el general Juan Galo Lavalle, representante del bando unitario, tomó el poder en Buenos Aires mediante una revolución y desplazó al gobernador Manuel Dorrego, figura del federalismo. Dorrego intentó reorganizar sus fuerzas junto a Juan Manuel de Rosas, pero fue derrotado por Lavalle en la batalla de Navarro y fusilado el 13 de diciembre de 1828.

A partir de ese hecho, la guerra civil se profundizó. Rosas se alió con el caudillo santafesino Estanislao López, ambos federales, para enfrentar al gobierno unitario encabezado por Lavalle.

En 1829, el conflicto llegó de lleno al norte de la provincia de Buenos Aires. Tras la victoria federal en la batalla de Puente de Márquez, las fuerzas de Estanislao López avanzaron sobre distintas localidades y cercaron la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, que se convirtió en uno de los principales focos de resistencia unitaria.

San Nicolás tenía un valor estratégico clave: su puerto sobre el río Paraná permitía el ingreso de provisiones, armas y refuerzos. Por eso, aunque estaba rodeada por tierra, podía sostenerse gracias al abastecimiento fluvial, lo que la convirtió en un punto central del conflicto.

Organización de la defensa

Durante el sitio de 1829, la ciudad —alineada con el bando unitario— debió improvisar un sistema defensivo frente al avance de las fuerzas federales de Estanislao López y Juan Manuel de Rosas. La defensa general quedó bajo el mando del coronel José Félix Bogado.

Ante el inminente asedio, se levantaron trincheras que durante años marcaron el límite urbano, ubicadas aproximadamente en los actuales trazados de las avenidas Falcón, el eje Savio–Moreno y la avenida Alberdi. Estas posiciones reflejan cómo la defensa se organizó sobre el perímetro de la ciudad histórica.

La artillería era escasa y estaba operada por una compañía de línea bajo las órdenes del capitán alemán Ploe (Bloch) y del subteniente argentino Floro Quintana. Las fuerzas terrestres incluían cantones cívicos formados por milicias locales y tropas de caballería al mando del capitán Yacas, bajo la conducción general del sargento mayor de caballería Cipriano Zeballos.

A estas unidades se sumaban fuerzas regulares: el 2º Regimiento de Cazadores, al mando del teniente coronel Luciano de la Cruz; un cuerpo de caballería de línea comandado por el coronel Isidoro Suárez; y una división de infantería al mando del coronel Vilela. También participó un escuadrón liderado por quien más tarde sería el coronel Nicolás Granada, además de un numeroso grupo de vecinos que colaboraban en tareas defensivas.

El dominio del río Paraná fue clave para sostener la resistencia. El puerto contaba con dos cañones, y el control del río estaba asegurado por una escuadrilla de seis buques comandada por Leonardo Rosales y Antonio Somellera, lo que permitió mantener el abastecimiento de la ciudad sitiada.

Dado que las defensas eran insuficientes frente al empuje federal, el gobierno de Buenos Aires envió refuerzos desde el campamento de Salto: un regimiento de húsares al mando del coronel unitario Mariano Acha, quien se incorporó a la defensa.

El sitio

Las fuerzas federales rodearon completamente San Nicolás y sostuvieron un sitio durante más de ocho meses. Realizaron ataques constantes con partidas de hasta 200 hombres, incendiaron campos cercanos para cortar suministros, destruyeron viviendas fuera del perímetro defensivo y mantuvieron presión permanente sobre las trincheras. La ciudad sufrió hambre, escasez, incendios y un fuerte deterioro en las condiciones de vida.

La Gaceta Mercantil de Buenos Aires documentó diversos episodios del sitio. Señala que las fuerzas de Borda, junto a sus lugartenientes Camargo y Moreira, realizaban ataques constantes. También menciona un enfrentamiento a dos leguas (11 km) del pueblo, en la estancia de los Romero, sobre el Arroyo del Medio, donde grupos indígenas aliados a Borda intentaron apoderarse de ganado capturado.

En ese episodio murieron varios soldados, incluido el teniente Centurión, y fue herido el capitán Jack. Se incendiaron casas y campos para cortar el suministro de alimentos. La crónica cita: “...Todo lo devastan y cuando sale alguna línea de infantería a batirlos huyen y se trasladan a gran prisa...”.

A pesar de los constantes ataques, las fuerzas federales no lograron tomar la ciudad. La defensa fue sostenida tanto por tropas como por vecinos, que soportaron hambre, privaciones e incendios durante más de ocho meses.

Trágico intercambio de prisioneros

Uno de los episodios más dramáticos ocurrió el 14 de junio de 1829. Según relatan Damián Menéndez y José de la Torre, se pactó un canje de esposas entre el coronel unitario Mariano Acha y el federal Facundo Borda: Paula Caneto, esposa de Acha, se encontraba en Salto, mientras que Jacinta Rodríguez, esposa de Borda, estaba dentro de la ciudad sitiada.

El intercambio debía realizarse en la Plaza de las Carretas, actual Plaza 23 de Noviembre, en la zona de la Escuela Normal. Llegado el momento de concretar el acuerdo —bajo garantía de bandera de parlamento—, un carretón que transportaba el equipaje de la esposa de Acha se retrasó, se encajó y demoró la operación.

Sin embargo, durante el encuentro —en el que estaban presentes Acha, el comandante Melián, los capitanes Ploe (Bloch) y Arana, y el propio Borda— se produjo una emboscada.

Acha fue herido por una lanza que le atravesó la espalda y el pulmón derecho. Melián logró sostenerlo y salvarle la vida. En cambio, los capitanes Ploe (Bloch) y Arana fueron asesinados brutalmente. El escuadrón de Nicolás Granada no llegó a tiempo para intervenir.

Días después, sus restos fueron hallados en una zanja, descuartizados. El hecho quedó registrado en el Libro IV de Defunciones de la Catedral de San Nicolás, donde el doctor Saturnino Planes dejó constancia del entierro el 14 de junio de 1829.

Acha sobrevivió gracias a la atención del médico francés Mayer y fue trasladado a Buenos Aires. Sin embargo, años más tarde, el 16 de septiembre de 1841, fue fusilado y decapitado en San Juan por fuerzas de Nazario Benavídez y Félix Aldao.

El final del conflicto

Mientras tanto, la situación política evolucionaba. En junio de 1829 se firmó el Pacto de Cañuelas y en agosto el Pacto de Barracas, lo que llevó a la caída del poder de Lavalle. El sitio de San Nicolás comenzó a desactivarse hacia fines de 1829, en paralelo con el ascenso de Juan Manuel de Rosas, cuyo primer gobierno en la provincia de Buenos Aires se inició el 8 de diciembre de ese año.

Más allá de las divisiones políticas de cada época, hay un rasgo que atraviesa la historia de San Nicolás de los Arroyos: su permanente protagonismo. Por su ubicación estratégica, por los hechos que allí ocurrieron y por los que siguen ocurriendo, la ciudad ha estado una y otra vez en el centro de la escena nacional. Desde el sitio de 1829 hasta distintos acontecimientos que la proyectaron en el tiempo, San Nicolás no ha sido un lugar secundario, sino un punto donde la historia se manifiesta. Ayer como hoy, lo que sucede en la ciudad trasciende sus límites y la coloca, muchas veces, en la mirada del país e incluso del mundo.

El papel del nicoleño Facundo Borda

En el bando federal se destacó el nicoleño Facundo Borda. Se había incorporado a las milicias en 1820 con 24 años y en 1821 quedó bajo las órdenes del general Gregorio Aráoz de Lamadrid, integrándose al Regimiento 4º de Campaña comandado por el teniente coronel Sayós. Para 1824 ya tenía grado de capitán.

Su situación personal era particular: su padre, Miguel Borda, era propietario y hacendado en San Nicolás, pero Facundo no poseía bienes. Por ello, en 1828 la “Comisión de Hacendados” intentó enviarlo a la frontera bajo acusaciones de vago. En ese contexto fue apresado por soldados, degradado a sargento e incorporado a la compañía de húsares del coronel prusiano Federico Rauch, aunque luego recuperó su grado de capitán. En 1829 participó del sitio encabezando tropas santafesinas federales, alineadas con López y Rosas. Pero luego se pasó al bando unitario y combatió bajo Lavalle, fue capturado tras la batalla de Monte Grande (Tucumán) y fusilado el 19 de septiembre de 1841. 

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