El actual Cementerio Municipal esconde una historia que se remonta a casi dos siglos atrás, vinculada directamente con una decisión sanitaria de Juan Manuel de Rosas. Durante su estancia en la ciudad en 1830, el entonces gobernador de Buenos Aires advirtió que el antiguo enterratorio público, ubicado en lo que hoy es el Colegio Nacional y parte de la Plaza Mitre, resultaba insalubre por encontrarse en pleno centro rodeado de viviendas. Por este motivo, el 26 de abril de 1830, Rosas dictó un decreto para trasladar la necrópolis a un sitio elevado donde los vientos no llevaran olores nauseabundos hacia el casco urbano, marcando el inicio de la actual ubicación en la zona de Barrio Alto Verde (la zona más alta y verde vista desde el centro de San Nicolás).
La ejecución de esta obra fundamental para la higiene pública local demandó la creación de una comisión administradora integrada por vecinos destacados de la época como Juan de Dios Carranza y Juan José Obligado, junto a Vicente Castro y Román García. El proceso de mudanza y construcción no fue inmediato, ya que implicó arduas negociaciones con los propietarios de los terrenos, de apellido Vicente. Recién a partir de 1833 comenzó formalmente el desalojo del antiguo cementerio del centro para trasladar los restos al nuevo predio, un proceso administrativo y logístico que transformó para siempre la planificación urbana de nuestra comunidad nicoleña.
Inauguración y el significado de la fecha en el frontispicio
Finalmente, tras cinco años de gestiones y trabajos de edificación, el nuevo cementerio de San Nicolás se terminó de construir en 1835, año en que se entregó oficialmente a la curia para su inauguración. Es común que los visitantes se confundan al observar el año 1898 grabado en la arcada principal de ingreso bajo la inscripción "Pax Domini". Sin embargo, esa cifra no indica la fundación del lugar, sino que conmemora la habilitación del actual pórtico de entrada, una mejora arquitectónica posterior.
Este patrimonio nicoleño también está ligado a hitos políticos nacionales, ya que el decreto de Rosas se firmó mientras el gobernador instalaba la sede provisional de su gobierno en nuestra ciudad. Ha quedado en el imaginario popular nicoleño que durante aquel 1830, Rosas paraba frecuentemente en un almacén de ramos generales situado en la intersección de las calles Italia y Terrassón. Su presencia en la zona respondía a las reuniones preliminares con el gobernador de Santa Fe, Estanislao López, que derivarían en la firma del trascendental Pacto Federal (o Tratado del Litoral) en enero de 1831, reafirmando el rol estratégico de San Nicolás de los Arroyos en la formación de la organización nacional argentina.
El Museo a Cielo Abierto y el legado de sus sepulcros históricos
La riqueza patrimonial de este predio motivó que el Concejo Deliberante aprobara por unanimidad, en su sesión del 23 de mayo de 2013, la creación del “Museo a Cielo Abierto - Cementerio Municipal San Nicolás de los Arroyos”. Este proyecto institucionalizó un circuito que permite apreciar monumentos, bóvedas y esculturas y una arquitectura funeraria destacada de gran valor artístico e histórico que reflejan la identidad nicoleña, incluyendo sepulturas de figuras relevantes como la tumba de Guillermo Hoyo, popularmente conocido como Hormiga Negra, la cual recibe constantes ofrendas de flores y velas. No obstante, el hito arquitectónico más antiguo data del 23 de septiembre de 1847 y es el sepulcro que pertenece a Juan José Obligado, primer Juez de Paz de la ciudad en 1822 e integrante de la comisión fundadora del cementerio. Junto a él descansa su hijo, fallecido apenas dos meses después, conformando el testimonio funerario más remoto que se conserva en el sector histórico.
