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| Tapa de El Gráfico: Fernando Bello y Héctor Ricardo (derecha) arqueros del seleccionado nacional. |
Por Javier Tisera
Arquero surgido en San Nicolás, Héctor “El Nene” Ricardo construyó una carrera que lo llevó desde el Club Urquiza a los grandes del fútbol argentino y al seleccionado nacional. Fue campeón sudamericano en 1945 con la Selección Argentina y dejó su huella en Rosario Central, Racing, Huracán y Boca. Protagonista de una época intensa, también pasó por el fútbol uruguayo antes de cerrar su trayectoria. En esta ocasión, desde Yaguaronet queremos poner en valor la memoria de un nombre que merece ser recordado. Su historia resume el talento y la proyección de los futbolistas nicoleños en la escena grande del deporte.
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| Defendiendo el arco de Rosario Central |
San Nicolás, nuestro pueblo, ha contribuido de manera sostenida a nutrir y jerarquizar los planteles de la Primera División del fútbol argentino. No es ningún misterio, aunque muchas veces no se dimensiona en su real magnitud: de aquí han surgido futbolistas que brillaron en Europa y otros que levantaron títulos nacionales e internacionales con los clubes más importantes del país. En esta ocasión, desde Yaguaronet queremos poner en valor la memoria de un nombre que merece ser recordado: el arquero Héctor Ricardo, “El Nene”. Su trayectoria lo llevó desde el Club Urquiza de San Nicolás a defender los colores de Rosario Central, Huracán, Racing, Rampla Juniors de Uruguay y Boca Juniors. Además, tuvo el honor de vestir la camiseta de la Selección Argentina, con la que se consagró campeón en el Sudamericano de 1945. Un recorrido que refleja no sólo su calidad bajo los tres palos, sino también el aporte permanente de nuestra ciudad al fútbol grande.
Héctor
"El Nene" Ricardo vino al mundo un 1 de enero de 1924 y, aunque algunos registros lo
sitúan erróneamente en Rosario, su corazón y sus primeros pasos bajo los tres
palos pertenecen al Club Urquiza de la calle Francia. Desde los potreros
nicoleños, su figura espigada y su capacidad para achicar espacios como un
profesional lo proyectaron hacia una carrera meteórica que lo convirtió en el
arquero más joven en debutar en Rosario Central con apenas 16 años, allá por
noviembre de 1940.
Su paso
por Rosario Central dejó una huella imborrable antes de dar el salto a los
grandes de Buenos Aires y al seleccionado nacional. Según las estadísticas
históricas del club rosarino, Ricardo disputó un total de 98 partidos como
titular entre 1940 y 1945, periodo en el cual logró 21 vallas invictas
y se consagró campeón de Segunda División en 1942.
Un recorrido de gloria entre Avellaneda, Parque
Patricios y la Ribera

El equipo de Huracán con Ringo Bonavena con el cinturón de Campeón Argentino de Box. El primero de la derecha Héctor Ricardo.
Tras su éxito internacional, el arquero nicoleño continuó su trayectoria en Racing Club, donde participó de la histórica gira por México en 1947 bajo la conducción de Guillermo Stábile. En 1948, se incorporó a Huracán como parte de un trueque masivo de jugadores, sumando en el "Globo" un total de 99 encuentros a lo largo de cinco temporadas. Durante su estadía en Parque Patricios, protagonizó un hecho insólito para las crónicas deportivas: el 20 de agosto de 1950 fue parte del récord de expulsiones en un partido contra Vélez Sarsfield, donde los 22 futbolistas recibieron la tarjeta roja tras una gresca generalizada.
Posteriormente,
Ricardo tuvo un paso destacado por el fútbol uruguayo en Rampla Juniors, donde
quedó maravillado por el estadio con vista al Río de la Plata, antes de
regresar al país para su acto final en Boca Juniors. En el club de la
Ribera, integró el plantel que cortó una sequía de diez años sin títulos al
obtener el Campeonato de 1954. Según los registros oficiales de aquel
torneo, Boca se coronó tras ganar 21 partidos y empatar 3, con Ricardo
defendiendo la valla en cinco encuentros antes de ceder la titularidad a Julio
Musimessi.
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Estas actuaciones lo llevaron a la Selección Argentina, donde alcanzó la gloria máxima al consagrarse Campeón Sudamericano en 1945 (actual Copa América), siendo el guardián del arco en cuatro de los seis encuentros del certamen, incluido el duelo decisivo ante Uruguay donde Argentina le ganó 1 a cero y se consagró campeón.
En el final de su vida, se radicó nuevamente en San Nicolás y compartió homenajes y el cariño de los nicoleños que lo vieron brillar en el futbol nacional. Un 6 de septiembre de 1989 fue sepultado en nuestro cementerio y las banderas canallas y quemeras estuvieron de luto. El cortejo pasó por calle Francia, frente a la sede del club Urquiza, donde dejó su corazón futbolero y después siguió su camino… como era su costumbre.



