lunes, 27 de abril de 2026

De la contención al compromiso: la historia de Aixa en la "Casita de Tati"

Por Walter Alvarez

Hay lugares que funcionan como refugios cuando la realidad se vuelve difícil, y para Aixa Velázquez, ese lugar fue la Casita de Tati, una casa de contención para niños y adolescentes que funciona en barrio San Martín. En una charla íntima y valiente, Aixa nos relata cómo llegó a esta institución a los 8 años en busca de apoyo tras una situación traumática y cómo el acompañamiento emocional y escolar transformó su vida. Hoy, a sus 23 años, su realidad es distinta: de ser una niña asistida pasó a ser una referente para los más chicos. En esta entrevista, exploramos el valor de la gratitud, el rol fundamental de las redes de contención comunitaria y la importancia de brindar oportunidades afectivas para que los jóvenes puedan forjar un futuro con esperanza.

¿Cómo llegaste ala Casita de Tati?

Casita de Tati es como una segunda casa para mí. Yo había pasado por un abuso y Casita de Tati lo que hizo fue acompañarnos tanto a mí como a mi mamá en todo el proceso. Y eso es lo que la identifica, porque ellos están para todo niño, niña, adolescente; están siempre acompañando tanto a los chicos como a la familia. El equipo técnico: la trabajadora social, la psicóloga te ayudan a transitar la situación por la que estás pasando. Obviamente también están los temas de violencia, abuso, problemas económicos y demás que se abordan, y Casita de Tati siempre está ahí en todo.

¿Qué actividades hacías a los 8 años?

Yo creo que uno cuando es chico y transita por esas problemáticas, tanto abuso como violencia y demás, muchas veces se llena de preguntas y dice "¿por qué me pasa esto a mí?" Y Casita de Tati lo que hace es acompañarte psicológicamente, emocionalmente... y eso es lo que hicieron ellos conmigo. No se trata de decir "no, yo soy la culpable", porque la realidad es que no es así, y más cuando sos una menor de edad. Lucy (Lucía Toledo, directora) siempre nos trató como sus hijos, como una familia. La verdad es que tienen un corazón inmenso. Hasta el día de hoy yo estoy agradecida porque estuvieron ahí para escucharme, para guiar a mi mamá en lo que ella tenía que hacer. Bueno, gracias a Dios mi mamá fue una de esas madres que escucha, porque uno dice "mamá siempre va a estar", pero hoy en día no todas las madres a veces creen lo que los hijos dicen, es una triste realidad. 

¿Ibas todos los días? 

Yo iba cuando salía de la escuela. Me ayudaban con el apoyo escolar, después bueno, la psicóloga, charlar, estar con los talleristas.

¿Hasta qué edad estuviste? 

Hasta los 17. Cumplí los 18 y me propuso Lucy quedar como maestra de apoyo escolar y hasta el día de hoy sigo ahí. Ayudo a los niños, niñas y adolescentes. 

¿Lo sentís como una devolución de favores por todo lo que hicieron por vos? 

Gratitud. Como yo dije al principio, para mí es como una segunda casa y siempre voy a estar agradecida. Es un lugar en el que yo me siento muy cómoda y nada, los chicos también nos toman como familia a nosotros. Tanto como yo le digo "mami" a Lucy, hay chicos que me dicen "mami" a mí. Y eso es impagable. Te llena de emoción ver cómo los conocés desde chiquitos y hasta el día de hoy sigue estando ese vínculo. Yo me cruzo a un nene por la calle y él se cruza y: "Hola, mami". ¿Entendés? Y eso es como que te reconforta un poco decir "estoy haciendo las cosas bien". 

Vos sabés que hay una creencia de que muchos chicos eligen el mal camino porque no han tenido oportunidades en la vida, no han tenido oportunidades de estudio, no han tenido oportunidades afectivas y son como víctimas de esa vida y algunos eligen el mal camino como consecuencia de todo eso. Pero  cuando se les brindan las oportunidades, esa persona cambia automáticamente su actitud. ¿Vos has podido comprobar esto? 

Sí, obviamente. Muchas veces también la calle no ayuda mucho y, al estar los chicos contenidos, es como que hay un cambio muy grande. Y al día de hoy son unos hombrecitos y unas mujeres excelentes. La nena que se egresó el año pasado es una excelente nena, las mejores calificaciones, está forjando su futuro, su camino, eligiendo algo que a ella le guste, le reconforte. Y eso es lo lindo de decir "van a salir de acá y van a ser alguien", porque eso es lo que buscamos también: que si bien tengan el egreso, que ellos busquen ser alguien en la vida. 

La historia de Aixa es el testimonio vivo de que la contención institucional y el afecto no son solo palabras, sino herramientas de cambio social. Su transición de alumna a maestra de apoyo escolar en el mismo lugar que la vio crecer cierra un círculo de solidaridad que hoy beneficia a una nueva generación de niños y adolescentes. En un contexto donde muchas veces se discute el camino que eligen los jóvenes, el ejemplo de Aixa nos recuerda que, cuando existe un oído dispuesto a escuchar y un equipo técnico presente, el futuro siempre tiene una oportunidad. Un relato de resiliencia que nos invita a reflexionar sobre la importancia de sostener estos espacios en nuestra comunidad.


Axia y su "mamucha" Lucía

La Directora de la Casita de Tati, Lucía Toledo, nos contó como fueron los comienzos de la institución 

Tati es la señora Rodriguez, que funda la Casita en el año 98. En ese momento se abre como "Hogar convivencial". Derivaban a los chicos del Tribunal de Menores. Había venido a trabajar acá a San Nicolás como directora de otra institución, se conoce con la gente de la barriada, formaron una amistad y ella dijo: "Acá voy a plasmar mi proyecto". ¿Y dónde lo plasmó justo? En la cuadra de mi casa. Me quedaba bien (risas).Yo entré porque me invitaron a compartir con los chicos, a ir a bañarlos, a llevarlos al jardín. En ese momento había cinco o siete. Pero llegamos a tener 17 viviendo. Después paso a integrar la comisión directiva. Yo tenía mis hijos chiquitos, obviamente no los dejaba de lado, me los llevaba. En un momento Tati me plantea que tenía a sus papás muy viejitos en la localidad de Pipinas y que se tenía que volver a sus pagos. Yo decía: "¿Qué hago? Yo no sé hacer nada de esto más de lo que vengo y ayudarte. En realidad me dolió que se fuera, pero yo me fui quedando. Si no sabía hacer algo iba a la Delegación del Menor o iba al Tribunal y me explicaban. Yyo aprendí todo lo que sé de la mano de esos cinco o siete nenes, porque yo quería hacer algo para ellos. De hecho lo hice, creo. Hoy son hombres, mujeres... muchos me mandan mensajes. Bueno, me dice "mami", "mamucha", y otros pasan por la Casita y ven el portón abierto, y entran, porque las puertas están abiertas.  


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