El último informe sobre la situación económica revela un dato preocupante: el aumento de los alimentos superó el índice general de inflación durante el mes de febrero. Mientras que a nivel nacional el segmento llegó al 3,3%, en la región bonaerense la canasta alimentaria subió un 4,7%. El dato surge del relevamiento mensual que realiza el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), en conjunto con organizaciones territoriales y centros de estudios locales de la provincia de Buenos Aires.
Este fenómeno impacta de lleno en San Nicolás, donde los precios de los productos básicos en góndola muestran una subida constante. A este escenario se suma el nuevo incremento en los combustibles (producto de la guerra en Medio Oriente) y el transporte público. Estos ajustes ponen en una situación crítica la cadena de pagos de los pequeños comercios locales, que deben lidiar con costos financieros elevados y una caída en las ventas. Al recorrer los locales de nuestra ciudad, el diagnóstico de los comerciantes es unánime: el consumo está frenado. "La gente no tiene un mango", resumen con crudeza detrás del mostrador. Esta falta de dinero en los bolsillos obliga a los vecinos a comprar solo lo mínimo, volcándose a las segundas marcas o a los productos más baratos para poder llegar a fin de mes.
El impacto local: comercios vacíos y salarios que no alcanzan
En nuestra ciudad, esta subida de precios tiene un efecto directo por partida doble. Por un lado, San Nicolás es un punto de consumo para toda la región. El encarecimiento de la canasta básica reduce el consumo en los centros comerciales de los barrios y el casco céntrico, lo cual afecta por igual a los comercios de las zonas norte, sur y oeste.
Por otro lado, la crisis en el sector industrial y siderúrgico tiene su eco en la planta de la zona y en los talleres metalúrgicos locales. Cuando el salario rinde menos frente a los alimentos, la economía familiar del trabajador se resiente. Este impacto llega inmediatamente a todo el comercio minorista nicoleño.
