El San Martín es mucho más que un trago: es una de las bebidas más representativas de San Nicolás y un símbolo de su vida social y cultural. Creado a comienzos del siglo XX por Ángel Massimi, inmigrante italiano y barman formado en cruceros y bares de Buenos Aires, el vermú nació como una receta propia pensada para un público local que buscaba algo distinto. Con el tiempo, ese sabor se volvió inconfundible y pasó a identificarse directamente con la ciudad.
La bebida comenzó a servirse en el bar Savoia y luego se consolidó en el Bar del Teatro, donde el San Martín se convirtió en una marca registrada. Su preparación —con ingredientes simples pero equilibrados— dio origen a un vermú seco, intenso y fácil de reconocer, que se acompañaba con pequeñas “baterías” de platos, una costumbre que reforzó su carácter social y ritual. No era solo tomar un trago, sino compartir un momento.
Durante décadas, el San Martín fue parte de reuniones cotidianas, tertulias culturales y largas noches que reunían a vecinos, artistas y visitantes. El trago se mantuvo inalterable en su esencia, atravesando generaciones y convirtiéndose en una referencia obligada para quienes frecuentaban el centro de la ciudad. Su fama trascendió el mostrador del bar y pasó a formar parte de la memoria colectiva nicoleña.
Hoy, el San Martín sigue presente en casas y encuentros de nicoleños dentro y fuera de la ciudad. Más allá de sus componentes, su identidad está ligada a la historia urbana, a la amistad y a la pertenencia. Es un sabor que remite directamente a San Nicolás y que resume, en una copa, una parte fundamental de su historia cotidiana.